Wednesday, 2 April 2014

Crónicas Económicas: Panorama mundial en el 2011 frente a la crisis en Japón [NECIOSUP, E.]


Ha pasado más de una semana de la tragedia en Japón, y al igual que en el devastado país nipón, el impacto de la catástrofe en la economía mundial aún permanece. Durante la semana la BVL ha presentado una fuerte caída, en especial respecto al precio de los comoditties y a los contratos futuros de algunos metales, como por ejemplo antes del tsunami el precio del barril del petróleo superaba los 110 dólares americanos, lo que origino que varios inversionistas adquiriesen contratos a futuro del petróleo por encima de los 110 dólares (120-130 dólares) pensando que el precio llegaría hasta los 145 dólares con lo cual ellos adquirían petróleo barato y podían venderlo caro obteniendo buena rentabilidad. Pero como consecuencia de la catástrofe, y debido a la noticia de problemas en los reactores nucleares de Japón, las bolsas internacionales temían que la demanda por el crudo de petróleo sufra una severa caída, siendo Japón el tercer mayor  importador de crudo del mundo, lo cual ha reducido el valor del barril de petróleo por debajo de los 100 dólares, disminuyendo el valor de esos contratos.

Esta situación se ha profundizado a consecuencia de que se declarara el nivel de radiactividad en los reactores a 6, lo cual implicaría un desastre para la economía japonesa y para la economía mundial la cual aún no termina de recuperarse de la crisis del 2008, y la crisis de deuda de los países europeos.


Como muchos sabrán Japón al pertenecer a una zona altamente sísmica, estaba bien preparada para enfrentar eventos similares. De hecho los planes de contingencia para una catástrofe así estiman que se debería recuperarse en menos de 5 años, sin embargo el escenario es otro debido a que un tsunami de esa magnitud y en esa zona específica (cerca de la planta nuclear) es un evento que, según los geólogos, ocurre cada 1.000 años, consecuencia de condiciones nunca previstas lo cual en términos de riesgos presentaba una probabilidad de ocurrencia muy baja. Tal es así que en el reactor nuclear de Fukushima ya existían dos mecanismos para prevenir esa catástrofe, es decir dos mecanismos para posibilitar que los reactores se enfriaran evitando que salga algo de radiación en caso fallará el sistema de enfriamiento (la vasija de contención o piscina de enfriamiento). Como primera medida se tenía un sistema de irrigación independiente que enfriaría al reactor en caso de un sismo, el cual desgraciadamente se dañó por lo cual el reactor seguía calentándose; la segunda medida era un sistema que aprovechara el agua de mar para enfriar todo pero después del tsunami, este empezó a retirar agua hacia el mar reduciendo el flujo de agua de mar hacia el reactor.

Es decir, existía un plan de Gestión de Riesgos implantado, que consideraba varios escenarios pero el ocurrido ha sido un evento tan improbable que por más adecuado y razonable que haya sido su sistema de gestión de riesgo, no previno un evento tan desastroso e improbable. A pesar de las grandes pérdidas humanas y materiales, la gran duda como se debe manejar esta situación de alto riesgo, porque implica una explosión nuclear que más allá de perjudicar a Japón tanto económica como moralmente, podría perjudicar a todo el mundo llegando a un desastre financiero global. Porque de haber sido solo el tsunami Japón podría haberse recuperado en un par de años debido a que la zona afectada es una zona agrícola y afecta al PBI japonés en 4.1%, pero de darse un daño radiactivo que afecte a la ciudad de Tokio podría desatarse una crisis económica, porque Tokio es el centro (y corazón) de todo el comercio y producción de Japón. Esto afectaría a varias industrias y reduciendo el nivel de comercio internacional afectando la recuperación de EE.UU. y Europa.

Frente a esto el gobierno japonés inicio un plan para inyectar agua a los reactores de la planta nuclear, sin embargo este fue un fracaso porque los reactores continuaron calentándose llegando hasta el nivel 6 de radiactividad. Actualmente ingenieros japoneses aceptaron que la única manera de prevenir una catastrófica fuga de radiación podría ser enterrarlo bajo arena y concreto, método usado para sellar enormes filtraciones desde Chernóbil en 1986. Esto ha generado indicios de aceptación del enorme peligro de explosión de esta planta nuclear.

Como consecuencia de este peligro nuclear varios gobiernos han iniciado la suspensión de proyectos de plantas nucleares, que se planeaban como alternativas al uso de petróleo, como dice el científico peruano Modesto Montoya: “Un reactor de cien megavatios nuclear usa una camionetita de uranio y eso genera cien megavatios durante un año. Para producir la misma cantidad de energía en esa planta tiene que quemarse un tanque de petróleo cada hora durante un año. […] el petróleo también mata a través de los eventos climáticos, recuerden Katrina, Australia, las sequías; y todo por quemar petróleo. Los ecologistas más verdes lo dicen: el reactor nuclear es malo, pero el petróleo es peor”[1].

Más aún se está reformulando las medidas de gestión de riesgo que consideren el impacto de los proyectos a nivel internacional, porque existe el temor que las emanaciones radiactivas lleguen  a las costas de China, EEUU., y Latinoamérica. Es decir, se deberá considerar efectos ambientales internacionales, los cuales deberán estar regulados por alguna entidad internacional. Esto implica un cambio radical en las políticas de cada país, es decir lo que se buscaría es una estandarización de los requisitos en todos los proyectos de inversión.

Edward Neciosup Ramos 
Consultor Junior
ESTUDIO MARTIN ABOGADOS

Entrada originalmente publicada en el blog del +Estudio Martin Abogados & Economistas