Monday, 24 March 2014

¿Es posible, o utópica, una política eficaz de control de precios? A propósito del caso Venezolano [J.M. MARTIN]

Jefe de Estudios Económicos

El tema del control de precios se ha discutido de manera extensa en la literatura económica, muchos coinciden que definitivamente es nefasto para la economía y la inflación. En Latinoamérica existen, y han existido, muchos casos de control de precios con resultados desastrosos para la estabilidad y el crecimiento, acompañados con escenarios de hiperinflación. Y en la actualidad, se nos recuerda [1] que Venezuela es uno de los ejemplos en los cuales simplemente esta política no está funcionando.

¿Cómo es posible que una política tan nociva pueda ser continuamente reutilizada en la actualidad? ¿Es acaso que el Gobierno considera que es posible realmente controlar los precios? ¿Y de ser posible, como puede explicarse que se considere como la opción elegida para solucionar las situación económica originadora de este tipo de intervención?

Ante ello, es necesario verificar cuáles deberían ser los requisitos para una política de control de precios sea eficaz, para luego averiguar si éstos realmente pueden darse en un contexto específico. Los argumentos en contra son claros, precisos y abundantes, pero los argumentos a favor no han gozado del mismo derecho de defensa, sino que han sido de índole esencialmente política o de una corriente de Economía Heterodoxa que posiblemente exageró con el poder predictivo de su teoría.


Para ello, se tomará como ejemplo típico, desde el punto de vista del consumidor, un incremento del precio debido a una reducción de la oferta, lo cual genera escasez. (Nótese que no es la única manera para que exista escasez de un bien). Al respecto, debe notarse que sólo se sabrá si existe escasez cuando la oferta y la demanda interaccionen, y además que la cantidad ofertada sea inferior a la cantidad demandada de un bien en particular. 

Ahora bien, esta reducción de la oferta puede ser causada por el incremento en los costos, la reducción de la disponibilidad de materia prima, una menor disponibilidad de factores de producción, cambios tecnológicos, entre otros. En el caso del ejemplo, se tratará de un simple caso de menor disponibilidad de materia prima. 

Así mismo, este caso sugiere también la necesidad de evaluar si existe un mercado de factores, previo al mercado de bienes de consumo, o mejor dicho, una relación entre comerciante y proveedor, previa a la relación comerciante y consumidor. La diferencia es sustancial, porque implica la necesidad de estudiar dos mercados en lugar de uno. Por simplicidad, se utilizará un caso en el cual se trate de sólo un mercado, comerciante-consumidor (mercado de bienes).

El lector puede notar que este caso simple ha requerido la delimitación de un supuesto específico, para el cual, valgan verdades, es necesario conocer de la realidad económica de un mercado en particular. No hay reglas generales, tal vez; pero en todo caso, saber los presupuestos de base es requisito sine qua non para identificar las posibles consecuencias económicas de un fenómeno.

Por lo indicado en los párrafos precedentes, la teoría económica clásica considera que la escasez generará una presión para el incremento de los precios, el cual no es deseable pues reduce el número de consumidores que puedan efectivamente adquirir el producto, y los que sí pueden, verán ajustado su respectivo presupuesto de ingresos.

No obstante, es necesario relevar lo que realmente esta ocurriendo. Para ello, la Economía impone un supuesto adicional, que existe una negociación abierta entre vendedores y consumidores,  lo cual puede hacer que la interacción entre ellos altere en el muy corto plazo el precio de venta al público.

De un lado, se asume también que los vendedores tienen una estructura de costos marginales creciente en función de las cantidades, lo cual les otorga cierta libertad a vender menos unidades de bienes. Empero, no debe olvidarse que los vendedores cuentan con costos variables y fijos que deben solventar, para lo cual necesitan obtener un ingreso mínimo a fin de lograr financiarse. Al incrementar, voluntariamente o inercialmente, los precios, se está asumiendo que la menor cantidad de unidades vendidas al precio original no son suficientes para financiar la estructura de costos. Finalmente, también se está asumiendo que las empresas no cuentan con inventarios suficientes para compensar la menor cantidad de productos que adquieren para comercializar.

De otro lado, en cuanto al consumidor, se asume que ante una menor cantidad ofertada de un bien, un grupo de éstos insistirá en su necesidad especifica con este vendedor (no buscando sustitutos ni otros proveedores, ni racionando su demanda) y por ello, tendrá la intención y la capacidad de ofrecer un mayor precio por el bien. Lo anterior, no sólo le ayudará a asegurarse con la compra del bien, sino que otros, aquellos que no pueden o no quieren ofrecer más, no lo hagan.

Puede notarse, entonces, que aumenta el número de supuestos necesarios para que se genere una situación de escasez con incremento de precios e hiperinflación y/o mercados negros. Si bien es cierto que el incumplimiento de uno de estos supuestos, no necesariamente evitará la catástrofe, la teoría heterodoxa sugirió en los años 80, una serie de supuestos distintos, con los cuales intentó sustentar un control de precios. Uno de éstos supuestos es que la situación es temporal, y no permanente o indeterminada, con lo cual, parecía posible hacer una política consistente.

En suma, el incumplimiento de estos supuestos no sólo puede eliminar la posibilidad de una futura escasez, sino también, existiendo escasez e incremento de precios, es posible que una política de control de precios, pueda ser eficaz . ¿Es realmente posible eso?

Primero, el control de precios debe ser temporal y debe venir acompañado con una política pública inmediata que el problema del abastecimiento de los comerciantes. Debe notarse la temporalidad de la misma y que la única finalidad es evitar el incremento exponencial de los precios, inclusive, la especulación arbitraria de los precios.

Segundo, el precio controlado no puede estar por encima del precio original de mercado, de lo contrario, que se estaría no sólo intentando corregir el fenómeno, sino distorsionando el mercado en sí mismo, ampliándolo artificialmente, con el agravante que se trata de un fenómeno temporal. En términos coloquiales, un remedio peor que la enfermedad. Muchas de las políticas de control de precios implementadas en Latinoamérica han representado una manera indirecta de ampliar un mercado, cambiando su estructura, tratando de hacerlo más generalizado de lo que originalmente es, con fines políticos por supuesto.

Tercero, el precio controlado debe ser en toda la cadena productiva, dado que si se controla el mercado de bienes, pero no se controla el mercado de factores, simplemente este último presionará al de bienes, convirtiendo en algo totalmente inútil y contraproducente la política de control precios.

Cuarto, el control de precios debe ser de un valor máximo, o por lo menos de un rango, nunca debe ser de un precio fijo específico. Resulta utópico que el Gobierno pretenda conocer las características específicas de todos los sub-mercados, en los cuales se vende un producto en particular. El valor máximo debe ser compatible con todos esos sub-mercados. En los casos de incompatibilidad es donde se generarán los problemas de siempre derivados de esta política específica.

En conclusión, para que una política de control de precios sea eficaz, deben darse los supuestos de un fenómeno específico e identificable, la estructura del mercado debe tener también determinadas características y la política de control de precios para evitar la especulación debe cumplir los cuatro requisitos (o más) antes expuestos.

Por ello, una política de este tipo no debe usarse como una supuesta oportunidad heroica del Gobierno de turno, simplemente se trata de un mecanismo heterodoxo con una dificultad muy elevada de implementación (debido a los supuestos, características y delimitaciones). Definitivamente, tampoco es adecuado acudir al otro extremo, pensando que esta política no es viable nunca con fe ciega, dado que todos los "supuestos para el desastre" no pueden ser tomados como una regla general que ocurra en todos los mercados, razón por la cual, si es económicamente posible, aunque políticamente improbable, una política eficaz de control de precios.


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[1] Riversa, Godofredo. "El fantasma del control de precios". Recuperado el 23 de marzo de 2014, de: http://www.asuntoscapitales.com/articulo.asp?ida=7026 y http://www.asuntoscapitales.com/articulo.asp?ida=6988