Sunday, 27 January 2013

Radar de Programas Sociales II: Los problemas de información y de transparencia en las políticas sociales: A propósito de las recientes desafiliaciones a Pensión 65


Estos hechos sugieren que las buenas intenciones de ayudar a un sector desfavorecido de la población se ven afectados por terceras personas con intereses defraudatorios, es decir, de aparentar ser elegibles de un programa social, cuando en realidad no lo son. Estas intenciones se sustentan en un problema de transparencia y diferencias en las información, el cual siempre será imperfecto, y existen espacios suficientes para la generación de este tipo de conductas. 

Por ello, por más perfeccionados que sean los modelos de agente principal, que incluyen los conceptos de asimetría de información, riesgo moral y selección adversa, el ser humano defraudador casi siempre encontrará la forma de estar por delante del modelo. 

No obstante, existen zonas grises que pueden complicar aún más este panorama:
  • Por ejemplo, personas elegibles al programa durante su inicio, pero que por diversas razones han logrado mejorar sus características en el segundo año o siguientes, y por lo tanto ya no forman parte de la población beneficiaria. Ahí podrían existir dos posturas, que es necesario que el seguimiento o monitoreo del programa descarte a esas personas de manera oportuna, para asignar adecuadamente los recursos a otros que sí lo necesitan. La segunda postura sugiere que son los beneficiarios que ya no califiquen, los que deben declarar ante los responsables del programa que ya no son beneficiarios del mismo. Ambas perspectivas resultan válidas y complementarias, aunque la única "controlable" es la primera. La segunda sólo puede ser estimulada con una adecuada enseñanza de valores y deberes cívicos en la familia o el colegio. 
  • Otro ejemplo de interés, podría ser aquellos casos que se calificaron como elegibles pero que en realidad no lo eran, ya sea por errores técnicos en la selección, por declaraciones falsas de características socio económicas o por favoritismos artificiales en los cuales podría estar inmersos los responsables y demás personal del programa social. Todos estos escenarios no son excluyentes, lo cual complica aún más la real eficacia de un programa destinado a apoyar a los más desfavorecidos. 

Tampoco debe olvidarse que los programas sociales, también son considerados un importante desembolso de recursos públicos, ya sea gasto o inversión, los cuales afectan al crecimiento global de la economía. Pero en la medida que esos gastos no sean canalizados adecuadamente, el efecto de riqueza económica inicial se perderá en los siguientes años. 

En cualquier caso, debe recordarse que la real eficacia de los programas sociales dependerá del seguimiento y monitoreo de los mismos, que asegure que sus efectos económicos perduren y no sólo sean de corto plazo, pues se prestan a intereses políticos, como la captación de votos. 

No obstante, en un país con casi la mitad de la población por debajo de los estándares internacionales de pobreza, así como una clase política y de servidores públicos esencialmente buscadora de rentas, en el cual media el corto plazo de subsistencia o satisfacción rápida de necesidades que no tenían antes de ejercer el cargo, resulta muy difícil exigir un planeamiento a mediano plazo a la población potencialmente beneficiar, así como a los políticos y funcionarios públicos relacionados con los programas sociales. 

Tal vez sea uno de los motivos por los cuales las organizaciones de ayuda internacional puedan ser más convenientes para la ejecución de programas sociales en países en vías de desarrollo, por lo menos, en la forma de un período de transición, hasta que los funcionarios públicos y la clase política madure lo suficiente, y pueda entregársele el "poder" y la "responsabilidad" para administrar las expectativas de desarrollo de los más necesitados.


José-Manuel MARTIN CORONADO
Socio Principal - EMECEP Consultoria
(MARTIN EMAE CORP)


Lima, 27 de enero de 2013